sábado, 9 de abril de 2011

Libros que que leo o que lei....

En esta ocasión tengo la oportunidad de traerles cuatro citas, dos de un mismo libro (el cual me encantó y pronto releeré), una que viene del mismo libro y otro que ahora estoy leyendo, de Carlos Ruíz Zafón (uno de mis autores preferidos, ya era hora).
Si tu deseas participar, escribe una cita de el/los libros leídos en la semana o el libro que estés leyendo. Puede ser representativa para la historia o la que más te haya gustado. No olvides poner el nombre del libro y el autor para que sirva como recomendación para los demás.

…: LEÍDO :…
elcuentonumerotrece -La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron.
- Como quien cuida de las tumbas de los muertos, yo cuido de los libros. Los limpio, les hago pequeños regalos, los mantengo en buen estado. Y cada día abro uno o dos tomos, leo unas líneas o páginas, permito que las voces de los muertos olvidados resuenen en mi cabeza. ¿Nota un escritor fallecido que alguien está leyendo su libro?
El cuento número trece, de Diane Setterfield

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- Te llamé cuatro días seguidos, a todas horas, de noche, al amanecer, y, como no contestabas, me volví loco de desesperación. No comí, no viví, hasta ver que no te habías ido, que no estabas con un amante. Me ha vuelto la vida al cuerpo, niña mala;
Travesuras de la niña mala, de Maria Vargas Llosa


…: LEYENDO :…
el_juego_del_angel1-Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.
El Juego del Ángel, de Carlos Ruiz Zafón


El libro del gran Vargas Llosa ha vuelto a aparecer esta semana, y es que en ese libro hay tantas citas que me gustaría mostrarles que pues no he aguantado la tentación. Las de “El cuento número trece” son sólo una pequeña parte de todas los magníficos fragmentos sobre libros que trae el mismo. Y de Ruiz Zafón no hay más que decir, su cita habla por sí sola.

Por dónde iba yo…


Saber dónde se ha interrumpido una lectura es un requisito imprescindible para continuarla; si no, uno está condenado a errar arriba y abajo de las páginas del libro, medio reconociendo fragmentos, hasta localizar uno realmente novedoso. Los lectores hacen todo tipo de operaciones para preservar esta valiosa información. Los más cuidadosos utilizan un punto de lectura, también llamado punto de libro o marcapáginas, artilugio creado para tal efecto. Los más píos usan la cinta de registro que muchas Biblias llevan incorporada (y muchas ediciones buenas, como las de Círculo de Lectores, también). Otros doblan una esquina de la página (que los anglosajones llaman “a lo oreja de perro”, dog-ear; la práctica está tan extendida que una tienda de libros usados se llama Dog-Eared Pages). Los apresurados dejan el libro boca abajo (lo cual no acaba de ser bueno para la encuadernación). Los estudiosos cierran el volumen manteniendo en su interior el lápiz con el que han estado haciendo anotaciones. Etcétera.

Tan importante es esta función, que los programas de lectura de libros la hacen por lo general automáticamente (al encenderse se abren por la página en que se les dejó), e incluso se mantiene a través de las distintas plataformas de lectura, en los programas que lo permiten: puedes dejar de leer en tu dispositivo dedicado o e-book, y al reanudar la lectura en tu smart phone te encuentras la página en la que estabas.

Vía Diari d’un llibre vell llego al Bloc de la Biblioteca de Reserva de la Universitat de Barcelona, donde se informa del hallago de un “punto de cursor”, que al parecer es el nombre técnico de este señalador de página, básicamente una cinta (aquí, cuerda) dotada de una flecha movible verticalmente para indicar no sólo la página sino también la línea en la que el lector se detuvo. Estaba en el libro de Pedro de Alcántara Tratado de la oracion y meditacion, impreso en el año 1633. Podría objetarse que este ingenioso dispositivo no discrimina si la lectura se interrumpió en la página de la derecha o en la de la izquierda (todo caso que al cerrar el volumen se eliminaría esta distinción, de haberse hecho). Entonces me he dado cuenta de que yo suelo abandonar la lectura o bien al acabar un capítulo, o si no por lo general siempre en la página de la derecha.

Y ya puestos, abro una encuesta entre mis lectores: ¿dónde dejan la lectura (por ejemplo, cuando les rinde el sueño)?: ¿en una división mayor (capítulo, apartado), o no? Y, claro, a falta de un punto de cursor como el del Tratado de la oracion: ¿cómo señalan la página?

jueves, 7 de abril de 2011

El Vellocinio de Oro

Robert Graves comienza explicándonos el origen de la leyenda del Vellocino -un cisma religioso que alzaría a Zeus sobre el resto de divinidades, incluida la propia diosa madre– para hacer un rápido repaso mitológico y de la situación política de la Grecia arcaica. Tal vez sea este inicio (pese a su indudable importancia) la parte menos ágil del libro, hasta el momento en que aparece por fin un ingenuo Jasón y se comienza a reunir a los argonautas: personajes célebres en su mayoría, reyes, hijos de dioses y diversos aventureros a quienes la maestría de Graves dotará de un encanto único y personal. Desde ese momento nos embarcaremos para descubrir, no sólo todo lo concerniente al Vellocino, sino también los orígenes de centauros, sátiros, diversas criaturas mitológicas e incluso los prolegómenos de lo que será la guerra de Troya.


Con un estilo narrativo que homenajea al empleado por los autores clásicos, aunque afortunadamente bastante más dinámico, nos embarcaremos con una tripulación de campeones atemorizada por un Hércules borracho, al borde de la demencia y pendenciero, sólo aplacable mediante la música del entrañable Orfeo. Disfrutaremos de la ingenuidad y pocas luces del seductor Jasón, de la hilarante elocuencia de Equión -un embajador capaz de hacer creíble la más absoluta de las mentiras-, de la simpleza de Idas o de la audacia de Atalanta, única mujer de la tripulación, y uno de sus miembros más destacados.


De este modo, Graves se implica tanto con la Historia como con la leyenda, es fiel a las peripecias del viaje que han llegado hasta nuestros días, pero sin alejarse de la posible verosimilitud de los hechos. Busca y da explicación a cada extraordinaria aventura en la que los héroes se enfrentaron a hombres y monstruos, realizando un notable esfuerzo por mantener la coherencia con la historia conocida, pese a la diversidad de fuentes que en ocasiones llegan hasta a contradecirse entre sí. En este aspecto es de notable interés la explicación que el propio autor ofrece al final del libro, en la que argumenta los criterios seguidos para la inclusión de personajes como Orfeo (que participó o no, dependiendo de la fuente), el momento del abandono de Hércules y las alternativas planteadas para la interpretación de las aventuras.


El resultado final es un libro de gran hermosura donde Graves vuelve a alcanzar altas cotas narrativas con un viaje fantástico e inolvidable.

Atrapados en la Prehistoria

El paleontólogo Leyster recibe una propuesta: participar en un proyecto científico secreto, mientras se lo piensa le dejan una nevera con la cabeza de un estegosauro, tratando de evitar la cancelación del proyecto.

Así se introducirá en un vieje en el tiempo y conocerá a la raza de lo Eternos, una especie de hombres-pájaro. Su investigación enlazará directamente con su pasado: los dinosaurios, antecesores de los pájaros.

Intriga científica, en un mundo que nos traslada a los dinosaurios y viajes temporales.

martes, 5 de abril de 2011

La Novela de la Momia – Théophile Gautier



En pleno siglo XIX, un aristócrata inglés y un científico alemán descubren en el interior de un sarcófago egipcio los restos perfectamente conservados de una mujer joven y de un manuscrito que nos revela la identidad de ese cadáver. Se trata de Tahoser, dama de extrema belleza que logró cautivar al propio Ramsés II, aunque su corazón se inclinó por un propietario agrícola, Poeri, insensible a sus encantos. Tahoser intentó conquistarlo trasformándose en doncella de su servicio. Se enteró entonces de que Poeri estaba casado con la bella Ra’hel y de que ambos eran de ascendencia hebrea, un pueblo considerado esclavo por los egipcios. El faraón por su parte aprovechó la ocasión para secuestrar a Tahoser, pero ésta le aseguró que sólo aceptaría su amor si liberaba al pueblo judío de la esclavitud…

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